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Nota : Debido al hecho de que el
conflicto abajo expuesto involucra a dos grupos que presentan una versión
distinta de los hechos, se amplía el informe con informaciones que provienen de
fuentes exteriores a los grupos enfrentados.
Por parte de la ORCAO, nos reciben la junta directiva de esta organización :
El
presidente : José Gómez Pérez
El
vicepresidente : Anselmo Gómez López
El
secretario general : Miguel Gómez Sánchez
El tesorero :
Augusto López Vásquez
Los
coordinadores de las zonas Toniná, El Progreso y Sibacá.
Están presentes también algunas otras personas que no se identifican. Los
principales interlocutores fueron el presidente, el secretario y el tesorero.
Hechas las presentaciones, los representantes de ORCAO proceden a la
lectura de un documento-denuncia (que se anexa para el informe) acerca del
conflicto entre miembros de ORCAO y bases de apoyo zapatistas, en la región,
focalizándose el problema en el manejo de la tienda comunitaria ubicada en
Cuxuljá - en el entronque de carreteras Altamirano/Ocosingo- que hace unos meses
fue tomada por miembros de ORCAO y luego retomada por bases de apoyo
zapatistas, quienes hasta el momento la tienen bajo su control y
administración.
Este lugar corresponde a la entrada al municipio autónomo Che Guevara.
Hasta enero del 2001, estaba ubicado aquí un destacamento militar (en medio del
cual había que pasar para acceder a la cabecera Moisés Gandhi), que fue
desmantelado como parte del cumplimiento de las tres señales planteadas por el
EZLN para reanudar el diálogo.
Exposición de los hechos
Los representantes de ORCAO afirman que el problema principal se da con las
autoridades del municipio autónomo Che Guevara, aunque ellos restan importancia
al conflicto que surgió en torno a la tienda cooperativa (hecho que fue
denunciado meses atrás por bases de apoyo zapatistas).
Más bien, los entrevistados sitúan el conflicto en el ámbito agrario. Al
respecto presentan denuncias muy concretas acerca del allanamiento de propiedad
en distintos lugares de la región.
Mencionan que cuando empezó el problema, apelaron a instancias vinculadas
con la iglesia católica (párrocos y Centro de Derechos Humanos) para que
jugaran un papel de mediación. Se buscaron vías de negociación, sin embargo,
afirman que los zapatistas rompieron el diálogo, el 18 de noviembre de 2001.
Además de las instancias de mediación arriba mencionadas, intervino la
Comisión de Reconciliación de Conflictos Comunitarios, CORECOCO, sin más éxito.
Las instancias de mediación del gobierno del estado no fueron mencionadas.
Según los representantes de ORCAO, ha habido roces en distintas comunidades
pertenecientes a los municipios autónomos Francisco Gómez, San Manuel y Primero
de enero (a parte de los acontecimientos en el municipio autónomo Che Guevara).
El nudo del problema reside en que en 1994 y 1995, ORCAO y bases de apoyo
zapatistas tomaron tierras juntos. Estas tierras eran propiedad privada.
Según ORCAO hubo acuerdo para la regularización de las tierras, las que
quedaron registradas bajo la jurisdicción de fideicomiso (ORCAO F95).
Al respecto, es necesario aportar precisiones sobre la naturaleza de esta
figura jurídica.
Juan González Esponda, Comisionado para la Reconciliación de Comunidades en
Conflicto del estado de Chiapas, aclara que el fideicomiso, a diferencia del
ejido es un régimen de propiedad y no de posesión. Por tanto la atribución de
tierras es nominal (a los miembros que forman parte del fideicomiso).
Señala que en el momento de la regularización de las tierras, el gobierno
del estado optó por esta solución, dado que la reforma al articulo 27 de la
Constitución no permitía más repartos agrarios. Por tanto, se recurrió a un
fondo federal para la compra de tierras bajo la forma de fideicomiso.
Este fideicomiso fue gestionado por miembros de ORCAO, dadas las
facilidades que les daba el hecho de ser registrados como organización
legalmente constituida.
Por otra parte, aunque el fideicomiso abre derechos para gestionar créditos
y/o programas como el PROCAMPO, se requiere del acuerdo de la asamblea de
beneficiarios para cualquier gestión relacionada a empeñar, parcelar, vender o
cambiar el estatus jurídico de las tierras en mención.
Este detalle tiene su importancia, ya que según el comisionado González
Esponda, jurídicamente sería posible integrar las tierras del fideicomiso al
ejido colindante de Cuxuljá.
Según otra fuente (que pidió no ser nombrada) intervienen en realidad tres
grupos en el conflicto :
Las bases de apoyo zapatistas (en el seno del municipio
autónomo)
Los miembros de ORCAO (que antes hacían causa común con
los primeros)
Ejidatarios de Cuxuljá (identificados con el PRI)
Estos últimos, al igual que los miembros de ORCAO tendrían cierto interés
en que las tierras del fideicomiso sean integradas al ejido (en forma de
ampliación). Por tanto, aunque, hasta la fecha, no se hayan hecho gestiones en
este sentido, es posible que se hayan dado platicas entre los ejidatarios
priístas y los miembros de ORCAO.
Por su parte, los miembros de ORCAO señalan que ha habido acercamiento
entre los ex propietarios de las tierras en disputa (identificados con el PRI)
y las bases de apoyo zapatistas.
Siempre según la segunda fuente citada, el conflicto se agudizó a raíz de
la salida del Ejército del cuartel de Cuxuljá, ya que siete familias priístas
tenían una solicitud sobre las tierras ocupadas por el Ejército.
Posteriormente, parece ser que realizaron distintas gestiones para obtener una
indemnización (renta) por los años en que el Ejército ocupó terrenos que
consideraban suyos.
Volviendo a la versión de ORCAO, los exponentes se muestran pocos explícitos
cuando se les pregunta que forma de posesión agraria privilegiarían. Explican
que, primero hay que llegar a una negociación con el otro grupo, el cual
presentan como responsable del problema.
De acuerdo con las cifras presentadas, parece ser que los miembros de
ORCAO, mayoritarios, están siendo despojados por un grupo reducido de bases de
apoyo zapatistas que se quedaron con las mejores tierras (planas) y en mayor
cantidad. Sin embargo, en el transcurso de la conversación, se da la impresión
que los miembros de ORCAO se consideran minoría encerrada dentro de la zona de
influencia zapatista.
(En este aspecto, las fuentes exteriores consultadas coinciden en
considerar que la ORCAO es minoritaria en la zona. El comisionado González
Esponda habla de aproximadamente 38 familias).
Si bien el origen del conflicto parece ser relacionado con problemas
agrarios, los entrevistados sitúan la actual disputa también en un plano
político, pues consideran que están siendo expulsados de sus tierras por
negarse a pertenecer a la organización zapatista.
En esta oportunidad destacan que aunque existen convergencia de opiniones
sobre algunos puntos (rechazo a la ley indígena y a la reforma al artículo 27
de la constitución y oposición al sistema caciquil promovido por el PRI) son
una organización distinta al EZLN, que se podría resumir con el lema “juntos
pero no revueltos”.
Tanto los entrevistados como las demás fuentes consultadas reconocen que la
separación de intereses entre ORCAO y EZLN se remonta al año 98, cuando según
ORCAO se da un cambio de mandos en el EZLN a nivel local.
Otras fuentes por su parte afirman que algunos actuales dirigentes de ORCAO
fueron antes dirigentes del EZLN pero también hacen énfasis en el papel que
juegan los dirigentes históricos de la ORCAO, quienes a pesar de ya no ejercer
cargos en la organización, sí mantienen una influencia importante en el rumbo
político de la organización. Mencionan, por ejemplo, a Nicolás López, actual
representante del INI en Ocosingo.
Así lo que resalta son las diferencias políticas acerca de la captación de
recursos públicos, diferencias que a su vez son causa del conflicto agrario y
consecuencia de la disputa acerca de la forma de propiedad por la cual cabe
optar.
Al respecto, los miembros de la ORCAO niegan rotundamente estar realizando
gestiones para ser incluidos en el programa PROCEDE y niegan haber sido
beneficiados por proyectos gubernamentales. Sin embargo, se quejan de la
oposición de las bases de apoyo zapatistas a dejar que se instalen proyectos de
educación y desarrollo en las comunidades donde cohabitan. Además en la
carta-denuncia que entregan, se definen como “una organización independiente [que] ha mantenido la resistencia en
[sus] comunidades contra los malos gobiernos y [participan] abiertamente en el
nuevo gobierno del estado”.
Acerca de los proyectos de desarrollo, los representantes de ORCAO
argumentan que basta ver su oficina (muy modesta y poco equipada) para
convencerse que no han sido beneficiados con dinero y que lo poco que han
gestionado es material que se encuentra en uso en las comunidades. Por otra
parte, acusan a los zapatistas de haber acaparado para si solos los frutos del
apoyo internacional.
Cabe señalar que la ORCAO aparece como una de las organizaciones atendidas
en el marco del “Programa Integral para el Desarrollo Sustentable de la Selva”.
El documento, fechado de enero del 2002 y elaborado por el gobierno del estado
de Chiapas, menciona que en la región de Ocosingo, la cantidad de proyectos
atribuidos a familias de la ORCAO se eleva a 109 (beneficiando a 1714 hombres y
1459 mujeres).
Los proyectos productivos y de infraestructuras se enmarcan en el
desarrollo de los Centros Estratégicos de Desarrollo (CED). Estas estructuras
atendidas por la Secretaria de Desarrollo Social (SEDESOL) configuran también
la estructura del plan de desarrollo formulado en el marco del plan
Puebla-Panamá.
Resulta interesante destacar que se atienden 57 proyectos productivos en la
región de Sibaca, 100 en Las Tazas (municipio autónomo de San Manuel) y 100 en
Abasolo (región de Cuxuljá). En estos tres lugares, existen conflictos
importantes entre ORCAO y bases de apoyo zapatistas.
No corresponde a la CCIODH posicionarse sobre los conflictos que enfrentan
distintos grupos. Sin embargo, no se puede dejar de subrayar que la
implementación de programas de desarrollo en la actualidad, que no toman en
cuenta los conflictos resultantes de la falta de atención a la problemática
agraria en el pasado, no solamente no logra resolver los problemas existentes,
ni reparar los daños que alimentan el fraccionamiento de las comunidades, sino
que parecen constituir un nuevo factor que agudiza las divisiones.
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